Vinieron por ti; así nomás, sorprendido, sin avisar.
Te sacaron en camilla de este cuarto de hospital.
Ya no pudimos ni hablar; y aquí solo me quedé.
Yo siempre te defiendo... No te pude defender.
Te vi partir sin chistar, valiente como tú eres. Tan
solo por un instante nos dimos una mirada.
Mirada en que quise darte: valor, amor y mi
sangre, mi vida y mi corazón.
Testimoniales


